Akira May se traga la polla vieja de Albert
La rubia Akira no podía creer lo que tenía entre las piernas cuando ese viejo verde de Albert le agarró el pelo con fuerza y le clavó la polla hasta la garganta sin avisar. Con los labios pintados de rojo chupó cada centímetro de esa verga gruesa y arrugada mientras los huevos del viejo le golpeaban la barbilla, dejando hilos de saliva que le resbalaban por el cuello hasta mojarle el sujetador de encaje. Él le azotó el culo con un gruñido y ella gimió con la boca llena, sintiendo cómo el sabor salado del semen le inundaba la lengua al instante. Cuando la dejó caer de rodillas sobre la alfombra, Akira no dudó en abrirle las piernas y empezar a lamerle el coño depilado con movimientos circulares, chupando el clítoris hinchado hasta que la morena se retorció y le agarró las nalgas para que no se detuviera. Albert, jadeante, la levantó en volandas y la empotró contra la pared del baño, donde sus tetas naturales rebotaban con cada embestida brutal mientras ella chillaba de placer, pidiendo más sin vergüenza. La polla de él le abría el coño como si fuera la primera vez, estirándola al máximo mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras. En el sofá, Akira se montó encima en posición de vaquera invertida, balanceándose sobre esa verga que le llenaba hasta las entrañas y haciendo que los jugos le chorrearan por los muslos, pegajosos y brillantes. Entre gemidos desesperados, le pidió que le diera la vuelta y se la clavó por detrás con fuerza de bestia, escuchando cómo los azotes resonaban en la habitación mientras le apretaba las tetas con ambas manos. Cuando sintió que el viejo estaba a punto de correrse, aceleró el ritmo hasta que él le disparó un chorro espeso dentro, llenándole el útero mientras ella se deshacía en espasmos, con el coño bien mojado y los muslos temblorosos por el orgasmo más intenso que había tenido en años.