Atleta universitaria con un culo enorme disfruta de una polla brutal
Nadie en el campus la miraba tan fijamente como él cada vez que se agachaba para estirar sus piernas en la cancha, ese culo redondo y firme lo volvía loco con solo verlo. La chava, toda sudada y con la blusa pegada a sus tetas grandes, se le insinuaba con miradas coquetas mientras él se masturbaba pensando en empotrarla contra la pared de los vestidores. Un día, después de un entrenamiento agotador, lo arrastró al baño de las duchas, donde su coño ya estaba bien mojado de solo imaginarse su polla gruesa dentro. Le arrancó el short deportivo con un tirón salvaje, dejando al descubierto sus nalgas perfectas, y se dejó caer sobre su verga dura con un gemido que hizo temblar los azulejos. Lo cabalgó como una puta en celo, apretando su culo contra su vientre y sintiendo cómo cada embestida la hacía gritar de placer, mientras él le agarraba las tetas y le mordía el cuello. El sonido húmedo de su coño chorreando y el choque de sus cuerpos sudorosos eran demasiado para él, que se corrió como un toro enloquecido, llenándola de leche caliente hasta que le temblaron las piernas. Se quedaron jadeando en el suelo, con su polla todavía dentro de ella, hasta que alguien golpeó la puerta y tuvieron que correrse cada uno por su lado, pero sabiendo que eso solo era el principio.