Candice Delaware reta a su padrastro a un polvo de venganza
Ella lo mira con esa sonrisa pícara mientras se baja la tanga, desafiándolo a ver si puede aguantar lo que viene. Candice Delaware, con su cuerpito delgado y ese coñito rosado que brilla de lo mojado, se sube encima de él sin aviso. Él la agarra de las caderas mientras ella se clava hasta que las pelotas le chocan contra el culo. Cada embestida hace que los pechos pequeños reboten, y los gemidos de ella llenan la habitación. Él intenta resistirse, pero cuando ella acelera el ritmo y le clava las uñas en la espalda, no puede evitar correrse dentro de ella. La muy puta lo hace gemir como un perro, y cuando se baja, el semen le escapa entre los labios hinchados. Pero Candice no se conforma: se gira, le ordena que la empotre de perrito y le exige que le llene el coño otra vez. Él obedece, embistiendo con fuerza hasta que ella grita, con el orgasmo sacudiéndole el cuerpo entero. Al final, los dos quedan temblando, pero ella le susurra al oído que la próxima vez será peor. La muy zorra sabe que él no podrá resistirse.