Clara Morgane me reta a follarla como una diosa
Me miró con esa sonrisa de puta que sabe que me tiene en sus manos, y me desafió: '¿Crees que puedes manejar esto?'. Yo, con mi polla ya dura, le respondí que no solo lo haría, sino que la dejaría rogando. Se rio, se quitó el vestido y dejó al descubierto sus tetas perfectas, sus pezones rosados duros como piedras. Me arrodillé y empecé a chuparle el coño, metiendo la lengua hasta el fondo mientras ella gemía y me agarraba del pelo. Pero no era suficiente para ella, así que me empujó contra el sofá y se montó encima, hundiendo mi verga entera de golpe. Sentía sus paredes apretadas envolviéndome, sus caderas moviéndose con furia mientras me cabalgaba como una amazona. Le di una nalgada fuerte, y eso la volvió más loca, gritando '¡Así, cabrón, así!'. Cambié de posición, la puse de cuatro patas y le metí la polla por detrás, agarrándole las caderas para clavársela hasta que las pelotas chocaban contra su culo. Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados, y supe que estaba cerca. Le metí los dedos en la boca para que los chupara mientras la embestía sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi verga. Cuando empezó a correrse, gritando mi nombre, yo también me vine dentro de ella, llenándola hasta el último centímetro. Fue una batalla, y gané.