Entrenadora de natación se deja llenar de leche en la boca
El olor a cloro y sudor me envolvía mientras mis alumnos se iban, dejando solo el eco de sus risas. Sabía que no debía, pero cuando los chicos del equipo me rodearon, mi coño ya estaba empapado de anticipación. El primero me agarró de las caderas y me empujó contra la pared, metiendo su polla dura hasta que mis gemidos rebotaron en los azulejos. Sentía cómo me abrían de piernas, cómo las manos me apretaban los pechos mientras otra verga entraba por detrás, estirándome el culo sin piedad. Cada embestida me hacía morder el labio, cada chorro de leche que me llenaba la boca me recordaba que esto estaba mal, pero no podía parar. Cuando el último se corrió sobre mi cara, la puerta del vestidor se abrió de golpe y vi los ojos de mi asistente, que nos miraba con una mezcla de horror y envidia.