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Kaori Maeda se empala salvaje con su consolador japonés

7:34 720P 8 Mujeres Asiáticas
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Estúdio ICHI

Kaori llegó a casa después de un día largo y lo único que quería era descargar la tensión acumulada entre sus piernas. Se quitó el vestido ajustado que le marcaba el culo prieto y se tiró en la cama con las piernas bien abiertas, dejando que su coño chorreante brillara bajo la luz tenue de la alcoba. Su mano derecha no tardó en bajar hasta el cajón de la mesita, donde guardaba ese consolador japonés rosado que le hacía gritar de placer cada vez que se lo clavaba hasta el fondo. Las primeras embestidas fueron lentas, saboreando cómo la polla de silicona resbalaba entre sus pliegues empapados, pero pronto perdió el control y empezó a mover las caderas con frenesí, sintiendo cómo el juguete le golpeaba el punto más sensible de su interior. Los gemidos agudos de Kaori llenaban la habitación mientras se empotraba con más fuerza, sus tetas rebotando sin piedad con cada golpe del consolador, que ya estaba cubierto de sus jugos calientes. De pronto, sus muslos temblaron y un escalofrío le recorrió la espalda cuando el orgasmo la alcanzó, dejando su coño temblando y su boca entreabierta en un grito mudo de éxtasis. Pero Kaori no se conformó con una sola corrida: se dio la vuelta, se puso en cuatro patas y volvió a hundirle el juguete hasta la empuñadura, esta vez con el culo bien levantado para que la penetración fuera aún más brutal. El sonido de los azotes de su mano contra su carne sonaba como música mientras la polla de goma le azotaba el clítoris al salir, arrancándole nuevos gemidos que resonaban en las paredes. Sus jugos seguían brotando sin parar, mojando las sábanas y haciéndole perder la cabeza de tanto placer, hasta que finalmente, con un último empujón profundo, se corrió otra vez, esta vez regando el consolador con un chorro espeso que le escurría por los muslos. Cuando por fin dejó de temblar, Kaori se dejó caer sobre la cama, con el consolador aún dentro, sintiendo cómo la humedad entre sus piernas no dejaba de delatar lo que acababa de hacer: follar como una puta descontrolada hasta dejar el juguete totalmente empapado y su coño más necesitado que nunca.

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