La esposa infiel de Luna Berg se deja empotrar sin ropa interior
Lleva horas sin bragas, solo por provocarme. Cada vez que me mira, sus ojos azules brillan con esa maldad que me vuelve loco. La mesa de la cocina es testigo de cómo se inclina, mostrando ese culo redondo y perfecto, mientras se agarra al borde con las uñas pintadas. La polla de Den Be ya está dura, rozando su coño mojado antes de hundirse de una estocada. Ella gime fuerte, sabiendo que esto es venganza por algo que no puedo olvidar. Las embestidas son profundas, el sonido de la carne chocando contra carne llena la habitación. La agarro del pelo, obligándola a arquear la espalda mientras la penetro hasta que las caderas chocan. Su vestido se sube, dejando al descubierto los moretones que le saldrán mañana. La voltea, ahora de rodillas, chupando con furia antes de que él le ordene ponerse a cuatro patas. El sudor le cae por los pechos grandes, rebotando con cada movimiento. El orgasmo la sacude, pero él no para, follándola más fuerte hasta que su leche le mancha el culo. Cuando termina, el vestido está arrugado en el suelo, manchado de sudor y semen.