La exhibicionista se masturba con juguetes frente a mí
Carla no sabía que la estaba mirando cuando sacó su vibrador rosa de debajo de la almohada. Sus muslos ya estaban temblando cuando lo encendió, y yo me quedé petrificado viendo cómo se abría el coño con cada empujón. La punta del juguete desaparecía dentro de ella, y sus gemidos se volvían más fuertes cada vez que lo hundía hasta el fondo. De repente, noté que tenía otro juguete en la otra mano: un consolador más grande que el primero. '¿Esto también lo quieres probar?', le pregunté con una sonrisa. Ella asintió, los ojos vidriosos de excitación, y lo deslizó entre sus labios mojados. La vibración del primero contra su clítoris la hizo arquearse, mientras el segundo la llenaba por completo. 'No pares', gimió, 'me encanta sentirme tan llena'. Sus tetas rebotaban con cada movimiento, y yo ya no podía aguantar más. Saqué mi polla dura y empecé a masturbarme viendo cómo se follaba con ambos juguetes. 'Mira lo mojada que estoy', susurró, '¿te gusta ver cómo me corro?'. Cuando el orgasmo la golpeó, su coño se contrajo alrededor de los juguetes, y yo me corrí sobre su vientre tembloroso. 'Ahora limpia esto', me desafió, señalando mi leche en su piel.