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La madastra cachonda me vuelve un puto esclavo

5:02 1080P 4 Culos Grandes
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Estúdio Ourfetishlife

Después de veinticinco años viviendo con ella nunca creí que terminaría así: con los huevos más llenos que nunca y la boca llena de babas mientras su culo enorme me aplasta contra el sofá. Todo empezó cuando la muy zorra se dignó a usar ese body negro de licra que le marca cada rollito de la barriga y cada teta caída, mostrando esa carne madura que me vuelve loco. Me miró con esos ojos de perra en celo mientras se quitaba las medias de red, dejando al descubierto unas piernas gruesas y peludas que me hacían babear como un adolescente. No pude resistirme cuando metió la mano por mi pantalón y empezó a sacudirme la verga con esa mano regordeta llena de anillos, susurrándome al oído que llevaba meses fantaseando con verme de rodillas. En cuanto agaché la cabeza para chuparle el coño velludo, noté cómo su coño mojado me empapaba la lengua con un jugo espeso que olía a hembra en celo, mientras sus tetas flácidas se balanceaban cada vez que se movía. La muy puta me empujó contra la pared y me bajó los pantalones con furia, dejando mi polla dura como piedra al aire, lista para ser usada como su juguete personal. No tardó en sentarse encima de mí en la posición del perrito, clavándome ese culo gordo y blando hasta el fondo mientras sus gemidos roncos llenaban la sala y sus uñas se clavaban en mis muslos. Cada embestida hacía que sus tetas flácidas chocaran contra mi pecho, mientras su barriga redonda me golpeaba sin piedad, y yo solo podía agarrarme a sus caderas para no correrme antes de tiempo. Pero ella no me dejó escapar: me agarró del pelo y me obligó a lamerle el coño empapado mientras su coño chorreante me mojaba la cara por completo, hasta que ya no pude aguantar más y le solté una corrida espesa que le llenó el coño hasta desbordarse. La muy zorra se corrió gritando como una posesa, con su cuerpo sudoroso temblando de placer mientras su leche se escurría por mis muslos y su barriga redonda se contraía con cada espasmo. No me quedó otra que quedarme ahí, jadeando, con la verga aún dura y su coño goteando, mientras ella se reía y me decía que ahora era su puto esclavo de por vida.

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