La madrastra rubia me pilló espiando y me la chupó hasta correrme en su boca
El sonido de sus tacones en el pasillo me delató, pero cuando giró y vio mi polla dura entre las manos, su boca se abrió más de lo que lo hizo después para tragársela entera. Jodie Johnson, mi madrastra rubia, no era la mujer sumisa que fingía ser frente a mi padre, y esa tarde lo demostró cuando me empujó contra la pared y me arrancó el pantalón con los dientes. '¿Te gusta espiarme, hijastro?' susurró mientras sus dedos húmedos me guiaban hasta su garganta, y yo solo pude gemir cuando sentí sus labios apretados alrededor de mi verga, chupando como si quisiera ahogarse en mi leche. Lo que no esperaba era que su coño estuviera tan mojado, tan caliente, que cuando me la empotré contra el sofá, sus uñas me marcaron la espalda como si quisiera grabar su nombre en mi piel. Cada embestida la hacía gritar más, hasta que su cuerpo tembló y sus jugos me bañaron las pelotas. Pero lo mejor fue cuando, después de correrme en su boca, me lamió los labios y me dijo que esto era solo el principio. Ahora, horas después, aún siento el sabor de su saliva en mi lengua y el olor de su perfume barato en mi almohada.