La máscara de Bhaddie gime con el dildo de cristal entre sus muslos
El dildo de cristal brillaba bajo la luz tenue de la habitación, reflejando la tensión en las paredes mientras ella lo empujaba con cuidado entre sus labios hinchados. Bhaddie, con la máscara ajustada, contenía los gemidos para no alertar a su marido dormido en la habitación de al lado, pero el placer era demasiado intenso. Sus tetas grandes rebotaban con cada movimiento, los pezones duros como guijarros, y el vibrador zumbaba contra su clítoris hinchado. Escuchaba con atención, temiendo que los pasos en el pasillo fueran su marido despertando, pero no podía parar. Sus dedos se clavaban en sus muslos mientras el juguete entraba y salía, mojando todo el colchón. El riesgo de ser descubierta la excitaba más, y sus muslos temblaban al sentir el orgasmo acercarse. El dildo de cristal golpeaba su punto G una y otra vez, y ella mordía la almohada para ahogar los gritos. La idea de que su marido pudiera entrar en cualquier momento la volvía loca, y sus caderas se movían más rápido, buscando esa liberación. Cuando por fin se corrió, el placer la recorrió como un relámpago, y solo entonces se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración todo ese tiempo. Ahora, con el corazón acelerado, solo pensaba en si él habría escuchado algo.