La novia infiel no aguanta y se folla al entrenador
—Cuidado, que si mi marido entra nos mata— susurra ella mientras se agacha para chupar esa polla gruesa que la tiene loca. Mariana Martix no puede resistir el riesgo de que la pillen, pero el peligro de que su esposo llegue en cualquier momento solo la excita más. Él la agarra de las tetas falsas, apretando esos globos de silicona mientras ella se monta como una perra en celo, rebotando esa cola redonda sobre su verga hasta que el sudor les corre por la espalda. Los gemidos se ahogan en su boca cuando él la penetra por detrás, metiendo esa polla hasta las pelotas mientras ella se muerde los labios para no gritar. El culo de Mariana está tan mojado que resbala con cada embestida, y cuando él le ordena que se ponga de rodillas, ella obedece al instante, abriendo la boca para tragar cada gota de leche que le dispara en la garganta. La puerta del gimnasio cruje levemente, y por un segundo se quedan helados, pero el sonido de pasos se aleja y continúan como si no hubiera mañana. Cuando él se corre en su cara, ella se lame los labios, limpiando cada resto antes de que alguien pueda entrar. Afuera, el marido de Mariana sigue esperando en el auto, sin imaginar que su mujer acaba de tragarse el semen de otro hombre.