La pobre chica se deja follar por dinero sucio
Ella entró con la polla dura en la mano y los ojos brillando de lujuria y necesidad, la pobre chica no podía creer que fuera a vender su coño por unos billetes. La verga gorda y venosa se le clavó en la garganta tan pronto como cerró la puerta, tragando saliva mientras la saliva le resbalaba por los labios pintados de rojo. Él la empujó contra la pared y le arrancó la blusa dejando al descubierto unas tetas firmes y redondas que le temblaban con cada gemido ahogado. Las manos de él le apretaron el culo prieto mientras le bajaba el pantalón estrecho, dejando al aire un coño depilado y bien mojado que ya chorreaba de ganas. La chica se mordió el labio inferior cuando él le metió tres dedos dentro, retorciéndolos con fuerza hasta que ella soltó un gritito agudo y le suplicó que no parara. Entonces él la volteó y la puso a cuatro patas sobre la mesa, la polla le rozó el clítoris antes de hundirse en su conchita estrecha con un golpe seco que le hizo arquear la espalda. Las embestidas eran brutales, la verga le llegaba hasta el fondo cada vez que la empotraba, el sonido de los choques de carne resonaba junto a los gemidos roncos que salían de su garganta entrecortados. Ella se corría en oleadas, el coño le ardía y le escocía mientras él le agarraba el pelo y le llenaba la boca con chorros gruesos de leche espesa que le bajaban por la garganta sin piedad. La pobre chica se dejó caer sobre la mesa, los muslos le temblaban y el culo le quedó marcado por los dedos de él, pero no le importaba porque ahora tenía el dinero que tanto necesitaba. La escupió en la cara con una sonrisa pícara antes de vestirse, dejándola ahí tirada con el coño chorreando y la polla aún goteando.