La putona mandi me chupa la polla en un penthouse
Llegamos al ático en Atlanta y ella se quitó el vestido negro de una vez, mostrando esos pechos redondos que tanto me vuelven loco mientras se muerde el labio rojo. Mandi se arrodilló en el suelo de mármol frío, agarrándome la polla por el tronco con sus manitas de uñas pintadas de morado y me la llevó a la boca sin perder tiempo. Sentí su lengua caliente y húmeda en el glande, lamiendo cada vena mientras gemía como una zorra que no puede esperar. Me empotró la polla hasta la garganta sin aviso, ahogándome entre sus tetas gigantes que rebotaban al ritmo de sus movimientos bruscos. Cada vez que sacaba la polla, me miraba con esos ojos negros llenos de lujuria y me escupía saliva en el tronco antes de volver a tragarla bien hondo. El puto clítoris de ella se frotaba contra el borde de la butaca de cuero mientras chupaba, dejando su coño empapado y goteando sobre los cojines caros. No aguanté más, la levanté de los pelos y la tiré sobre la cama kingsize, donde sus nalgas enormes se hundieron en el colchón como si fueran dos jorobas de seda. Le abrí las piernas de un tirón y le enterré la polla en el coño baboso sin piedad, sintiendo cómo sus paredes me apretaban como un guante mientras gritaba obscenidades en español mezclado con inglés. Mandi me arañaba la espalda, sus uñas afiladas dejando marcas rojas mientras yo le metía hasta las pelotas con embestidas brutales que hacían crujir el cabezal de la cama. El sonido de sus pechos chocando contra mi pecho y el chapoteo de su coño mojado llenaban la suite de lujo, mezclado con los gemidos ahogados que salían de su garganta cuando le metí un dedo en el culo mientras seguía follándola sin piedad. No pasó ni un minuto antes de que sintiera cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, anunciando su orgasmo salvaje, y entonces me corrí dentro de ella a chorros gruesos, llenando su matriz mientras sus piernas temblaban sin control. Cuando terminé, Mandi se quedó tirada en la cama, con la cara roja y el coño chorreando mi leche, pidiendo más mientras me señalaba su boca abierta, lista para la próxima ronda.