Loira del Rabao baila con el culo bien movido
Esa loira del Rabao llegó moviendo ese culito apretado como si supiera que a los tipos no nos resiste nadie cuando la vemos así. Llevaba un short tan corto que se le veía hasta el coño sin querer, y esa tanga roja le marcaba el culo de una forma que me dejó con la polla dura al instante. Empecé a silbarle desde la banca y ella me miró con esa sonrisa pícara, mordiéndose el labio mientras seguía bailando sin parar, contoneando esas caderas como si supiera que iba a terminar empalada por mi verga gruesa. Se acercó bailando pegadita a mí, frotando ese culo redondo contra mi entrepierna hasta que sentí que se me endurecía más cada vez que movía sus nalgas. Le agarré la cintura con fuerza y la empujé contra la pared, sintiendo cómo su coño mojado ya estaba listo para recibirme. Le levanté la falda y le bajé la tanga de un tirón, dejándola con ese culo al aire, brilloso y listo para ser follado sin piedad. Sin pensarlo dos veces, le metí la polla de una sola embestida hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se apretaba como un puño alrededor de mi verga, gimiendo fuerte mientras le clavaba los dedos en las caderas para no soltarla ni un segundo. Ella se dejó llevar, gritando mi nombre con esa voz ronca que solo sabe salir cuando el placer la domina por completo. Le di duro y rápido, sintiendo cómo su coño chorreaba cada vez que la embestía con fuerza, mojando mis pelotas mientras sus jugos resbalaban por mis muslos. No pasó mucho antes de que sintiera su coño temblar como gelatina, anunciando que se corría en mi polla, apretándome hasta que no pude aguantar más y me vacié dentro de ella con un gruñido animal. Los dos quedamos jadeando, sudorosos y satisfechos, con su coño empalado en mi verga hasta que poco a poco se fue relajando, exhausta y feliz de haberlo recibido como se merecía.