Natalia Queen no podía dejar de chupar la polla de Bryan Gozzling
La habitación olía a sudor y deseo, las cortinas medio cerradas dejaban filtrar una luz tenue que dibujaba sombras juguetonas en las paredes. Yo sabía que esto estaba prohibido, que no debíamos estar haciendo lo que estábamos haciendo, pero cuando Natalia Queen se arrodilló frente a mí con esos ojos verdes suplicándome que le llenara la boca, toda la culpa se fue al carajo. Su boquita rosada se abrió de par en par para recibir mi verga, y empecé a embestirle la garganta sin piedad, sintiendo cómo su lengua jugaba con mi glande mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas. Ella gemía ahogadamente, con la saliva corriéndole por el mentón, y yo le agarraba el pelo con fuerza, moviendo sus labios hacia adelante y atrás como una puta profesional, hasta que tuvo que retroceder para tomar aire. Pero no había escapatoria, así que la puse de espaldas, con la cabeza colgando del sofá, y le metí la polla hasta el fondo de la garganta, escuchando esos ruidos obscenos de ahogo mientras su mejilla se hundía. No contento con eso, la volteé y le empecé a follar la boca como si fuera un coño, sintiendo cómo mi verga le rozaba los dientes y la campanilla, hasta que la vi sacudirse y tragársela entera de golpe. Luego la puse de rodillas otra vez, pero esta vez le hundí los dedos en el culo mientras le masturbaba la polla, sintiendo cómo su ano se contraía alrededor de ellos. Ella lloriqueaba, con la baba escurriéndole por el pecho, y yo no podía parar de pensar en lo mal que estábamos portándonos, pero eso solo me ponía más cachondo. Cuando por fin me corrí, lo hice directo en su cara, viendo cómo mi leche espesa le cubría los ojos, la nariz y hasta los labios. Ella se quedó quieta, jadeando, con mi semen resbalándole por la barbilla, hasta que se lamió los labios y me sonrió con complicidad. La próxima vez, Natalia Queen, voy a follarle esa boquita hasta que no pueda hablar más.