Stella Rose gime sin parar mientras se corre con el vibrador
Lleva días mirando los labios carnosos de Stella Rose, imaginando cómo sería hundir los dedos en su coño empapado. La tensión entre ellos es insoportable, cada roce accidental, cada mirada cargada de deseo, solo empeora las ganas. Hoy no hay escapatoria: la agarra por la cintura, la empuja contra la pared y le baja las bragas de un tirón. Su coño ya está mojado antes de que el vibrador siquiera toque su clítoris. Stella Rose gime, arqueando la espalda mientras la máquina vibra contra su piel, empujando el juguete dentro de ella con fuerza. Cada embestida le hace temblar las piernas, los fluidos resbalan por sus muslos mientras grita de placer. El aceite brilla sobre sus tetas, haciendo que cada movimiento sea más intenso. Stella Rose no puede contenerse más, su orgasmo estalla en un chorro violento, tiñendo el suelo de líquido caliente. Se agarra el culo con una mano, sintiendo cómo la máquina sigue penetrándola sin piedad. “No te detengas, ¡más fuerte!”, suplica entre gemidos, y él obedece, empujando el vibrador hasta que sus muslos tiemblan sin control. El sonido de su coño chorreando se mezcla con sus gritos, llenando la habitación de lujuria. Stella Rose se corre una y otra vez, hasta que sus piernas flaquean y se desploma, jadeando pero sin saciarse. “¿Ya tienes suficiente, puta?”, le susurra él al oído, sabiendo muy bien que la respuesta será un “¡No!” desesperado.