Chiquilla se abre el coño con dilatador en vivo
La morrita no podía aguantarse las ganas de meterse los dedos ni cinco minutos, así que agarró el expansor más grande que encontró y se lo clavó sin piedad hasta que el coño le ardió de placer. Con los ojos entrecerrados y los labios temblorosos, se retorció en la cama mientras el plástico frío se hundía en su carne palpitante, cada centímetro abriéndole más ese agujero que ya goteaba como una puta en celo. Se le escapó un gemido ronco cuando el extremo del dilatador rozó su punto más sensible, y sin pensarlo dos veces se lo enterró hasta el fondo con un suspiro de alivio. Las piernas le temblaban como gelatina al ritmo de sus embestidas frenéticas, mientras se escuchaban los chasquidos húmedos de su coño empapado cada vez que el aparato se deslizaba hacia afuera. Se ató las manos a la cabecera con unas medias rotas, jadeando porque quería que nadie la detuviera hasta que se corriera por lo menos tres veces, pero sobre todo porque esa sensación de estar siendo estirada hasta el límite la volvía loca de necesidad. El lubricante le resbalaba por los muslos mientras forcejeaba contra las ataduras, sintiendo cómo la presión del juguete le abría el útero hasta hacerle ver estrellas fugaces detrás de los párpados. Cuando por fin no pudo más, se dejó caer sobre el colchón con un quejido gutural y el dilatador enterrado hasta la empuñadura, goteando jugos por todas partes mientras su coño se contraía en espasmos salvajes alrededor del plástico. La cámara captó cada gota de sudor en su frente, cada goterón de leche que se le escurría por el culo mientras se retorcía de puro éxtasis, hasta que al final se desplomó exhausta, con las piernas aún temblorosas y los labios hinchados de tanto gemir. No le importó quedarse así, boca arriba y completamente abierta, porque sabía que antes de que terminara el video volvería a necesitarlo todo otra vez.