Chupada de san valentín con coño bien jugoso
La noche de San Valentín no podía empezar mejor cuando ella le agarró la polla dura como un palo por encima del pantalón y le susurró al oído que quería probarla bien honda. Él, sin pensarlo dos veces, la tomó de la nuca y la empujó hasta que su garganta se abrió como un coño recién mojado, sintiendo cómo el glande le rozaba el velo del paladar mientras ella jadeaba con los ojos llorosos pero sin soltar ni un segundo. No tardó en sacársela para pasarle la lengua por toda la verga desde los huevos hasta la punta, chupando con fuerza cada vena hinchada mientras él le agarraba el pelo y le empotraba la polla hasta el fondo de la boca una y otra vez. Ella, con la boca llena de carne palpitante, no pudo evitar gemirle al ver cómo se le escapaba un hilo de babas por la comisura de los labios, pero siguió chupando con más ganas, hasta que notó cómo el líquido preseminal le resbalaba por la lengua y le hacía cosquillas en la garganta. Él, al borde del éxtasis, le agarró la cabeza con ambas manos y se la clavó hasta el fondo, sintiendo cómo su polla le llegaba hasta la campanilla mientras ella tragaba saliva y saliva sin poder respirar, con los ojos inyectados en sangre pero sin dejar de chupar como una perra en celo. La saliva le caía por la barbilla mientras él le escupía en la boca y se la embadurnaba toda, ordenándole que no dejara ni una gota, que quería ver cómo se le resbalaba por los labios y le mojaba los pechos. Ella obedeció, lamiéndole la punta con la lengua bien plana y luego tragándosela de golpe, sintiendo cómo el sabor salado y espeso le llenaba la boca hasta el punto de no poder aguantar más. Él, con un gruñido gutural, le sujetó la cabeza con fuerza y se corrió dentro de su boca en oleadas espesas que le resbalaron por la garganta sin que ella pudiera evitar tragar cada gota, con los ojos vidriosos pero sin dejar de mover la lengua alrededor de la polla para sacarle hasta la última gota de semen. Cuando por fin la soltó, ella se limpió los labios con el dorso de la mano y le miró con una sonrisa pícara mientras se pasaba la lengua por los labios, mostrando que no se le había escapado ni una gota de su crema caliente.