Rubia caliente me pide que le folle el coño peludo
Llevaba horas espiándola por la ventana mientras se masturbaba con un vibrador grueso entre las piernas, esos pechos grandes moviéndose al ritmo de sus gemidos ahogados. Al verme en la puerta, me agarró del pelo sin pensarlo y me escupió en la polla antes de tirarse al suelo boca arriba, abriendo las piernas para mostrarme su concha peluda bien empapada. 'Fóllame así, cabrón, que te quiero sentir hasta el fondo', jadeó mientras yo le lamía los pezones duros y le mordisqueaba las areolas oscuras y enormes. En un segundo ya estaba dentro, empotrándola contra el suelo con embestidas brutales que le hacían chillar cada vez que mi verga le rozaba el útero, su coño tragándosela entera una y otra vez. Ella se retorcía bajo mi cuerpo, arañando el suelo con las uñas mientras le agarraba el culo prieto para clavármela más hondo, sintiendo cómo su leche caliente me empapaba los huevos al correrse como una loca. '¡Sí, así, métemela toda, que me vas a reventar!', gritaba con la voz ronca, su boca abierta buscando aire entre gemidos de puta satisfecha. Cuando por fin me saqué la polla, ella no lo dudó ni un segundo y me la metió hasta la garganta, tragando mi leche espesa sin dejar gota mientras sus tetas enormes se bamboleaban con cada trago. Le dejé el coño bien abierto, la concha chorreante y los muslos temblorosos, su olor a sexo mezclado con sudor inundando toda la habitación. No había tiempo para descansar, porque al minuto ya me estaba pidiendo más, susurrándome al oído que quería que la follara otra vez hasta que no pudiera caminar.