Clienta de uber me chupó la polla en el asiento
La morena de tetas naturales y culazo prieto entró en el coche con unos shorts que le apretaban más el coño que su tanga mojado por el calor. Desde que arranqué, no pudo evitar mirarme la entrepierna, mordiéndose el labio inferior mientras sus dedos jugaban con el dobladillo de su vestido. Sin decir ni media palabra, se acercó gateando por el asiento con esos labios carnosos y rojos que ya imaginaba rodeándome la polla. En cuanto la primera gota de pre-semen le mojó la punta de la lengua, gimió como una puta desesperada, tragando cada centímetro sin dejar ni gota de saliva desperdiciada. Su coño húmedo se le escapaba por los muslos mientras se agarraba a mi cuello para empujarme contra el respaldo, pidiéndome a gritos que la empotrara ahí mismo. Le arranqué el vestido en dos tirones y le metí dos dedos en la raja empapada, sintiendo cómo su clítoris se endurecía como un botón bajo mi pulgar. La puse a cuatro patas sobre el asiento, le bajé los shorts hasta los tobillos y le di una cachetada en el culo que le dejó la marca roja de mis dedos. Antes de que pudiera reaccionar, ya le estaba metiendo la polla hasta el fondo, escuchando sus gritos ahogados contra el cuero del asiento mientras sus tetas rebotaban al ritmo de mis embestidas brutales. El coche olía a coño caliente y sudor, mezclado con el aroma a vainilla de su perfume barato que me volaba la cabeza. Cada vez que le llegaba más hondo, sus gemidos se convertían en un coro de putas, suplicando que no me corriera todavía, que le llenara el coño hasta ahogarla en mi leche. Pero no pude aguantar más, así que le agarré la cadera con fuerza y le solté la corrida más intensa de mi vida, llenándole el coño de semen espeso que le chorreaba por las piernas mientras ella se retorcía bajo mí, pidiendo más con cada espasmo.