Compartiendo habitación con mi caliente hermanastra... ¡Me la follo hasta el fondo!
Desde que mi hermanastra llegó a vivir con nosotros, no podía dejar de mirar su culo redondo y perfecto cada vez que se inclinaba para recoger algo del suelo. Su tanga ajustado marcaba cada curva de su trasero, y el olor a coño mojado que dejaba en el aire me volvía loco. Una noche, mientras ella dormía en su lado de la cama, no pude resistir más y me acerqué en silencio, rozando mi polla dura contra su culo suave. Ella gimió dormida, pero no se despertó, así que aproveché para bajarle el shorty y meterle los dedos en su coño caliente y apretado. Estaba tan mojada que casi me corro solo de sentirla. Con cuidado, me subí encima y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo se ajustaba perfectamente a mis embestidas. Ella despertó de golpe, pero en lugar de gritar, empezó a gemir más fuerte, pidiendo que la follara más duro. Le mordí el cuello mientras le apretaba las tetas y le clavaba la polla una y otra vez, hasta que los dos nos corrimos juntos, llenando su coño de leche caliente. Al terminar, ella me miró con una sonrisa pícara y me dijo que no podía esperar a repetirlo.