Duro trío de osos borrachos follando sin parar
Esa noche en el bar los tipos no tenían un puto peso pero tenían más ganas que un perro en celo, así que se fueron a un cuarto de atrás donde el aire olía a cerveza derramada y a piel sudada. El más grande, con su barriga cervecera y su pelambrera enredada, agarró al más joven por el cuello de la camiseta y le escupió en la boca un chupón que lo dejó sin aliento antes de que siquiera le bajara los pantalones. Entre risas borrachas y gemidos ahogados, el tercero del grupo ya le estaba bajando los jeans al neófito, dejando al descubierto un culo prieto y tembloroso que pedía a gritos ser empotrado sin piedad. La polla del oso mayor, gruesa y venosa, se frotaba contra el muslo del chico mientras le susurraban obscenidades al oído, ordenándole que se agachara sobre la mesa de pool donde la tiza blanca ya se mezclaba con gotas de sudor y cerveza. El primer empujón fue brutal, el sonido de carne contra carne resonó como un latigazo en el cuarto cerrado, y el chico no pudo evitar soltar un aullido que mezclaba dolor con placer mientras sus manos se aferraban al borde de la mesa para no caer. El oso más pequeño, con su vello enmarañado y su verga ya dura como una roca, se acercó por detrás y sin avisar le metió dos dedos mojados en el culo al novato, estirándolo hasta hacerlo gritar mientras la mesa crujía bajo su peso. Entre embestidas salvajes y manos que no paraban de manosear, el ambiente se llenó del olor a sexo barato y sudor rancio, con los tres cuerpos pegados, resbaladizos y jadeantes, buscando el orgasmo que los dejara como trapos usados. Cuando el más grande finalmente se corrió dentro de él con un rugido que parecía sacado de una pelea de bar, el chico se derrumbó sobre la mesa, con el culo bien abierto y la leche goteando por sus muslos mientras los otros dos no perdían ni un segundo en seguir follándolo sin descanso. La escena terminó con los tres tirados en el suelo, con las pollas aún medio duras y el aire lleno de gemidos entrecortados y risas roncas que se mezclaban con el eco de la música del bar que seguía sonando al fondo.