El doctor Napoli le ordena al paciente chupar su polla dura
El doctor Napoli no perdía el tiempo con formalidades cuando entraba al consultorio, y ese día no fue la excepción. Des Irez, el paciente nervioso, apenas podía mantener la mirada baja mientras el médico se acercaba con esa sonrisa de superioridad que siempre le ponía los huevos de piedra. 'Abre la boca, putita', le ordenó el doctor, ajustándose el estetoscopio mientras su polla ya marcaba el camino bajo el pantalón blanco. Des obedeció al instante, sintiendo cómo el grosor de la verga del médico le llenaba la garganta de golpe, ahogando sus gemidos de sumisión. Napoli le agarraba la nuca con fuerza, empujando hasta que las lágrimas brotaban de los ojos del paciente, pero no se detenía, disfrutando cada vez que el muchacho se atragantaba con su leche. Después de un buen rato de chupada, el doctor lo tiró al suelo y le ordenó que se pusiera a cuatro patas. 'Ahora vas a recibir lo que mereces', gruñó mientras le escupía en el culo antes de empotrarle la polla entera de una estocada. Des gritaba, pero Napoli solo aceleraba, golpeando sus caderas contra el culo del paciente hasta que el gemido se convirtió en un sollozo. Cuando por fin se corrió dentro de él, el doctor se limpió la verga en el pelo del muchacho y salió del consultorio sin decir una palabra. Des quedó temblando en el suelo, con el culo ardiendo y la boca llena de su propia saliva, sintiendo cómo la leche del médico le goteaba entre las nalgas.