Carter Ford se entrega al culo de su hermanastro con la lengua bien mojada
Carter Ford no podía dejar de pensar en el culo apretado de su hermanastro Ted desde que lo vio flexionarse para alcanzar algo en la cocina. Cada vez que lo miraba, el deseo le quemaba las entrañas, pero sabía que era tabú, que no debía tocarlo, que era prohibido. Sin embargo, cuando Ted se inclinó para recoger algo del suelo, Carter no resistió más: se acercó por detrás, le bajó los pantalones de un tirón y hundió la cara en ese culo perfecto, lamiendo el agujero con la lengua caliente y húmeda. Ted gimió fuerte, arqueando la espalda, pero no lo detuvo, solo empujó el culo hacia atrás para que Carter lo chupara más profundo. La saliva chorreaba por los muslos de Ted, mezclándose con el sudor que le brotaba de la piel al sentir la lengua de Carter entrando y saliendo de su agujero. Carter no podía creer lo mojado que estaba, cómo el culo de su hermanastro se abría para él, cómo Ted se retorcía de placer mientras le lamía el ano con avidez. De pronto, Ted se dio la vuelta, lo empujó contra la pared y se arrodilló para chuparle la polla dura, tragándosela entera de golpe. Carter gruñó, agarrándole la cabeza con fuerza, sintiendo cómo la boca caliente de Ted lo envolvía mientras su hermanastro lo miraba con ojos llenos de lujuria. No podían parar, aunque sabían que era un pecado, que no debían hacerlo, que si alguien los descubría estarían jodidos. Pero el deseo era más fuerte que la razón, y cuando Ted se inclinó sobre la mesa, ofreciéndole su culo perfecto, Carter no dudó: le escupió en el agujero, lo abrió con los dedos y se enterró de una estocada, sintiendo cómo el culo de su hermanastro lo apretaba con fuerza. Ted gritó, pero no de dolor, sino de placer, y Carter lo embistió sin piedad, sintiendo cómo el culo de Ted se contraía alrededor de su polla cada vez que la sacaba para volver a clavársela hasta las pelotas. El sonido de la carne chocando resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos de Ted y los gruñidos de Carter, que no podía creer lo bien que se sentía estar dentro de su hermanastro. Cuando por fin se corrió, lo hizo con un rugido, llenando el culo de Ted hasta rebosar, sintiendo cómo el semen caliente le goteaba por los muslos. Ted se quedó quieto, respirando con dificultad, con la polla aún dura y el culo temblando. En el suelo, junto a la mesa, quedó el pantalón de Carter, manchado con el semen que se le había escapado al correrse tan fuerte.