Padre de familia se deja chupar la polla por su hijo travieso
El viejo no se esperaba que su propio hijo le fuera a hacer una visita tan caliente. Desde que el muchacho empezó a crecer, el padre notó cómo lo miraba con esos ojos llenos de deseo cada vez que se quitaba la camisa en el jardín. Un día, el joven entró al cuarto sin avisar y se arrodilló frente a su padre, desabrochándole el pantalón con manos temblorosas. La polla del viejo ya estaba dura como una roca, y el hijo no perdió tiempo en meterse ese trozo de carne entre los labios, chupando con fuerza mientras gemía de placer. El padre, sorprendido pero excitado, agarró la cabeza de su hijo y empezó a embestirle la boca con movimientos bruscos, sintiendo cómo la saliva le chorreaba por el mentón. El muchacho no podía creer lo grande que tenía el rabo su padre, y cada vez que se lo metía hasta la garganta, se le escapaban gemidos ahogados. La escena se puso más intensa cuando el viejo le dio la vuelta y le bajó los pantalones, dejando al descubierto su culo apretado y bien mojado. Con un gruñido, el padre le clavó la polla hasta el fondo, haciendo que el hijo gritara de placer mientras se agarraba las nalgas para que lo penetrara más fuerte. Las embestidas eran brutales, y cada vez que el viejo le daba una palmada en el culo, el muchacho se retorcía de gusto. Cuando ya no aguantó más, el padre sacó la verga y se corrió en la espalda de su hijo, dejando un chorro caliente que le resbaló por la piel. El joven, jadeando, se limpió la boca con el dorso de la mano y sonrió, sabiendo que esto no sería la última vez.