El twink esclavo en jockstrap negro que todos desean usar
Cain Marko no podía apartar la vista del culo apretado de ese morenito de jockstrap negro, su cuerpo delgado temblando cada vez que pasaban cerca en el apartamento. El chiquito sabía que esto estaba mal, que no debía dejar que el macho lo tratara así, pero la forma en que lo miraba, como si fuera un pedazo de carne listo para ser devorado, lo ponía más mojado que un río en temporada de lluvias. Cuando Cain lo acorraló contra la pared, el twink gimió al sentir los dedos gruesos hurgando en su entrada, abriéndolo sin piedad mientras le mordisqueaba el cuello. "No deberías hacerme esto", susurró, pero su polla goteando lo delataba. Milo Miles se unió, con su verga tan gruesa que el chiquito tuvo que abrir bien las piernas para que entrara, gruñendo cada vez que la empujaba hasta hacerle tocar el cuello del útero. El morenito chillaba con cada embestida, su culo tragando esa polla como si no hubiera mañana, mientras los dos hombres lo usaban a su antojo, uno follándolo por el culo y el otro metiéndole la lengua hasta la garganta. El sudor les corría por la espalda, el olor a sexo y lujuria llenando el aire, el chiquito temblando entre ellos como un juguete roto. Cuando Milo le ordenó que tragara todo, el twink lo miró con los ojos llorosos pero no pudo negarse, abriendo la boca bien grande para que el oso le vaciara hasta la última gota. "Así me gusta, puta, trágala toda", gruñó Milo, y el morenito obedeció, tragando como un buen esclavo mientras su propia polla seguía goteando de lo excitado que estaba.