Ella me retó a follarla como nadie antes
El olor a sudor y perfume barato me pegó en la cara cuando se arrodilló frente a mí, desafiándome con esa mirada de 'demuéstrame que puedes'. Yo ya tenía la polla dura como una roca, lista para partirla en dos, pero esta puta sabía jugar sucio. '¿Crees que puedes hacerme gemir como a las demás?', me escupió, mientras se mordía el labio inferior. Le agarré el pelo con fuerza, jalándola hacia mi entrepierna para que sintiera el calor de mi verga rozando su boca. 'Abre esa boquita, perra, que hoy vas a tragar hasta el último milímetro', le gruñí, y ella, con esa sonrisa de coqueta, obedeció. Mis dedos se hundieron en su culo mientras le metía la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su garganta se cerraba alrededor de mi verga. 'Más fuerte, cabrón, no me vas a romper', me provocaba entre arcadas, y eso me encendió más. La tiré al suelo, le abrí las piernas de una patada y me hundí en su coño mojado de una estocada, sintiendo cómo sus paredes se apretaban contra mi polla. '¿Así te gusta, verdad?', le pregunté mientras le clavaba los dedos en las caderas, embistiendo como un animal. 'Sí, sí, así, más duro', gemía, pero yo no iba a darle el gusto tan fácil. Salí de golpe, la volteé y le metí la polla en el culo sin avisar, haciendo que gritara de sorpresa. '¿Te gusta esto, perra?', le susurré al oído mientras le agarraba las tetas y la follaba como si fuera mi propiedad. 'No pares, no pares', suplicaba, pero yo ya estaba cerca de correrme. '¿Quieres mi leche, verdad?', le dije, y ella asintió con la cabeza, jadeando. 'Dámela toda, cabrón', me rogó, y fue justo lo que hice. Le llené el culo de leche mientras ella se retorcía de placer, y cuando saqué la polla, todavía goteando, le escupí en la cara y le dije: '¿Ves? No eres tan dura como creías'.