Fiesta de carnaval termina en suruba con pollas duras y culos rompibles
El sonido de los cuerpos chocando contra el sofá era más fuerte que la música del cuarto, pero a nadie le importaba. Simon Sagaz, el más musculoso del grupo, ya tenía la polla empapada de saliva después de que Duarte lo chupara como si fuera su único objetivo en la vida. La venganza de Tomboy por el novio infiel que había tenido era clara: ahora quería sentir a todos esos machos bien adentro, y el primero en enterrarse entre sus nalgas fue el latón de Duarte, cuyo culo apretado no resistió la primera embestida. Los gemidos de Tomboy se mezclaban con los gruñidos de Simon, que no tardó en ponerse detrás del primero para meterle la verga hasta que los testículos le golpeaban el perineo. El cuarto olía a sudor, semen y lubricante barato, y Duarte, celoso porque Simon ya se corrió dentro de Tomboy, se apresuró a aguantar su propia descarga mientras Tomboy le pedía más fuerte. Las paredes del culo de Tomboy estaban tan marcadas por las pollas que hasta el baño vecino se enteró, y cuando Simon le escupió en la cara antes de irse, solo dijo: "Ahora sabe lo que es un hombre de verdad."