Hijastras y madrastra se pelean por mamar la polla al padrastro
Robby no podía creer lo que veía cuando las tres se le tiraron encima como perras en celo, Jill con sus tetas enormes rebotando mientras le chupaba la cabeza morada, Daisy mordisqueándole los huevos y Laynee lamiéndole el rabo hasta dejarlo brillante. Él se recostó en el sofá con una sonrisa de oreja a oreja, agarrando a cada una por el pelo y empujando sus caras contra su verga dura como una piedra, haciéndolas ahogarse en su propio vicio. Jill se le subió encima en posición de vaquera, clavando su coño empapado en la punta de su miembro y cabalgándolo como una posesa, sus gemidos ahogados en la carne que le llenaba la boca. Daisy, al verla, le agarró las tetas a su hermanastra y se las estrujó mientras le lamía las bolas, chupándolas con desesperación hasta que Robby gruñó y le dio un empujón que la hizo caer de espaldas. Laynee, la más pequeña pero la más audaz, le montó la cara sin piedad, sentándose sobre su boca para que le comiera el coño mojadísimo mientras él le metía dos dedos en el culo, haciéndola gritar y correrse sobre su lengua. La escena se volvió un caos de cuerpos sudorosos, tetas golpeándose, pollas palpitando y chorros de leche caliente llenando bocas y pechos, hasta que Robby, exhausto pero feliz, se corrió en la garganta de Jill mientras las otras dos le lamían los restos de esperma de la piel. Lo que empezó como un juego de miraditas terminó siendo una guerra de tetas y coños por ver quién se lo tragaba mejor, y el pobre padrastro no pudo más que dejarse devorar por ellas hasta quedar sin fuerzas.