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La vecinita de 18 años me hace correrme en la boca

5:18 1080P 6 Jóvenes
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Estúdio My Little Betsy

Desde que se mudó hace un mes, la muy zorra no paraba de mirarme con esos labios carnosos y esa blusa ajustada que le marcaba los pezones duros. Una tarde de verano, mientras regaba las plantas, la escuché gemir desde el jardín de al lado, jadeos cortos que me encendieron la sangre. Me acerqué sin pensarlo dos veces y la encontré tirada en la hamaca, con el short subido hasta el culo y los muslos bien abiertos, mostrando esa raja brillante y empapada que ya olía a coño caliente. Agarré su pelo castaño y le metí mi polla hasta la garganta sin avisar, mientras ella ahogaba un gritito y se aferraba a mis caderas con uñas pintadas de rojo. La muy puta no tardó en chupármela como una experta, con la lengua lamiendo el glande cada vez que la sacaba hasta la punta, dejando hilos de babas que le resbalaban por la barbilla. Al sentir cómo me apretaba los huevos con una mano mientras con la otra me acariciaba los huevos, supe que no aguantaría mucho. Empujé más fuerte, enterrando mi verga hasta el fondo de su garganta mientras ella se atragantaba pero no se quejaba, solo seguía mamándomela con más desesperación. Cuando noté el primer chorro de leche caliente disparándose contra el fondo de su boca, la agarré con fuerza del cuello y le obligué a tragar cada gota mientras se le llenaban los cachetes de semen espeso. La dejé caer sobre la hierba, jadeando, con los labios brillantes y una sonrisa de puta satisfecha mientras se limpiaba un hilillo de leche que le colgaba del labio inferior. Todavía no se había recuperado cuando le di la vuelta y le levanté el culo para empinarla contra el tronco de un árbol, sintiendo cómo su coño chorreante me recibía sin resistencia, empapándome los dedos cuando los metí para abrirle bien el agujero. Me corrí dentro de ella tres veces seguidas, dejando el suelo lleno de sus fluidos mientras gritaba como una loca, con los muslos temblando y las tetas botando sin control. Cuando al fin se desplomó sobre la hierba, sudorosa y completamente rendida, supe que esa vecinita no volvería a mirarme con cara de inocente nunca más.

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