La latina Rebeca Villar se ahoga con mi verga y luego me come el culo
—'No pensé que fuera tan grande'— susurra Rebeca Villar mientras te la clava hasta las pelotas, los ojos llorosos y la saliva escurriendo por el mentón. La tienes agarrada del pelo, empujando su cabeza hacia adelante para que te la chupe bien profunda, sintiendo cómo la garganta se le cierra alrededor de tu polla. El sonido de sus arcadas es música para tus oídos, y cuando por fin la sueltas, ella jadea buscando aire, pero no por mucho tiempo: te arrodillas y le ordenas que te limpie el culo con esa lengua traviesa. Rebeca Villar obedece, metiendo los dedos en su propia boca para humedecerlos antes de separarte las nalgas y empezar a lamerte con avidez, gimiendo cada vez que tu verga se endurece más. La sorpresa viene cuando te das cuenta de que le encanta el sabor, que no es solo por obligación: sus ojos brillan de placer mientras te come el culo, y cuando te corras en su cara, ella se lame los labios y dice: —'Sabía que eras más grande de lo que parecía'— mientras se limpia la leche de los ojos con los dedos.