Mi padre adoptivo me enseñó lo que es follar de verdad
La cama estaba desordenada, las sábanas aún olían a él, y yo no podía dejar de pensar en cómo había entrado en mi habitación la noche anterior sin permiso. Ashby Winter, con su mirada de depredador, me tenía contra la pared antes de que pudiera protestar, sus manos apretándome el culo mientras me susurraba al oído que esto estaba mal pero que no se detendría. Mi coño ya estaba mojado antes de que su lengua empezara a jugar con mi clítoris, y cuando me empujó boca abajo sobre el colchón, su polla dura como una roca buscando mi entrada, supe que no había vuelta atrás. Me empotró con fuerza, cada embestida más profunda que la anterior, hasta que mis gemidos ahogados llenaron la habitación y sus dedos se clavaban en mis caderas para marcarme. El sonido de mi piel chocando contra la suya me excitaba más, y cuando me dio la vuelta para meterme su verga hasta las pelotas en posición de cuchara, sentí que me partía en dos. Corríme con un grito ahogado mientras él seguía follándome sin piedad, su líquido caliente llenándome por dentro antes de desplomarse encima de mí, exhausto. En más de 11 minutos de escena, mi padre adoptivo no me dejó ni un segundo de respiro, y ahora solo veo la mancha de semen secándose en mi vientre.