Miho Ichiki me ordena que me toque y luego me empotra como a una perra
El sonido de sus zapatos de tacón resonó en el piso cuando entró al cuarto, y supe que esta vez no habría piedad. Miho Ichiki me miró con esa sonrisa de dominación que me hace mojarme al instante, y antes de que pudiera decir nada, ya estaba ordenándome que me quitara la ropa y me recostara en la cama. Sus dedos largos y perfectos se deslizaron por mi cuerpo mientras me obligaba a abrir las piernas, y sentí cómo mi coño se ponía más húmedo con cada caricia. 'Tócate para mí, perra', me dijo con esa voz que me hace temblar, y obedecí sin dudar, frotando mi clítoris mientras ella observaba cada movimiento. Cuando ya no pude más, me ordenó que me diera la vuelta y me puse en cuatro patas, ofreciéndole mi culo como una buena sumisa. Sin perder tiempo, me escupió en el agujero y metió su polla dura hasta las pelotas, haciéndome gemir como una loca. Cada embestida era más fuerte que la anterior, y sentí cómo mi coño se apretaba alrededor de su verga, suplicando por más. 'No te corras hasta que yo lo diga', me advirtió, y aunque mi cuerpo ardía de placer, obedecí. Cuando por fin me permitió correrme, fue tan intenso que mis piernas temblaron y casi me caigo de la cama. Al terminar, mi coño estaba lleno de su leche espesa, y una mancha húmeda se extendía en las sábanas.