Rachele Richey descubre una polla que ni imaginaba en su primer anal
Algo en su mirada cambió cuando vio la verga de Talon Valenti por primera vez: no era solo grande, era monstruosa, gruesa como un puño y ya con venas a punto de estallar. Ella no era virgen anal, pero esta vez sintió el culo entrar en pánico cuando él empezó a lubricarla con su saliva, gimiendo como si no hubiera mañana. Las yemas de sus dedos clavadas en el colchón mientras la cabeza de la polla forzaba el anillo de músculo, un gemido ahogado escapó de su garganta cuando la sintió deslizarse adentro sin piedad, centímetro a centímetro, hasta que el vello rizado de él le hizo cosquillas en el culo. Rachele nunca había sentido algo tan lleno, tan duro, tan imposible de ignorar, y cuando Talon comenzó a moverse, sus caderas marcaban el ritmo con embestidas que le arrancaban gritos. Era como si cada sacudida le recordara que esa polla era demasiado para ella, pero no podía pedir que parara. En más de 21 minutos, la escena se convirtió en un festival de gruñidos, carne chocando contra carne, y gemidos que resonaban en las paredes. Cuando él la giró de espaldas, con las nalgas en el aire y los jugos corriendo por sus muslos, Rachele sintió que perdía el control: la polla entraba y salía con movimientos profundos, rozando puntos que ni sabía que existían, hasta que un chorro caliente le manchó la espalda, pegajoso y ardiente. Al terminar, Talon dejó la marca de sus dientes en su cuello y la voz de ella temblaba al pedir más, pero lo único que quedó fue el olor a semen y sudor en el aire.