Rubia bien curvy se corrió sin parar con verga enorme
Desde que la vi en la playa con ese culazo temblando bajo el sol, supe que esta zorra no aguantaría ni un minuto sin que le clavara el machete hasta el fondo. Llevaba un body negro tan ajustado que apenas le tapaba los pezones duros y esos muslos que se frotaban sin parar, pidiendo a gritos que la empotrase contra la pared. Le eché aceite por todo el lomo hasta que brillaba como una diosa sudada, mientras ella se retorcía mordiendo el labio porque el coño le ardía de ganas. Me la tiré de espaldas sobre la cama y le metí la polla hasta la garganta, ahogándola con cada embestida mientras sus tetas gordas rebotaban sin control. Cambié a vaquera al revés y le agarré el culo para que no se escapara, sintiendo cómo su coño empapado chupaba cada centímetro de mi verga sin piedad. Cada vez que la embestía fuerte, su culo redondo temblaba como gelatina y sus gemidos se volvían frenéticos, rogando que no parara. Le metí dos dedos en la boca para que mordiera mientras le follaba el coño con fuerza, sintiendo cómo su vientre se contraía antes de que un primer orgasmo brutal la dejara sin aliento y empapando las sábanas. No contenta con uno, la volví a poner a cuatro patas y le metí la polla por detrás, sintiendo cómo su culo se abría como una flor mojada mientras sus gritos llenaban la habitación. Cada embestida profunda hacía que sus tetas golpearan contra el colchón y su coño chorreara más, hasta que no pudo más y se corrió otra vez, esta vez gritando como una loca mientras su cuerpo se convulsionaba. No contenta con dos, la puse boca arriba y le levanté las piernas bien altas para clavarle la polla hasta la matriz, sintiendo cómo su coño me succionaba con cada empujón hasta que por fin me vacié dentro de ella, dejando mi leche goteando por sus muslos mientras seguía gimiendo sin parar.