Rubia tetona recibe empalamiento brutal por culo
La inglesa de curvas explosivas no tardó ni un segundo en ponerse de cuatro patas en el suelo tras escuchar que la iban a empotrar sin piedad, con esa polla que le colgaba medio dura al principio pero que se le puso como un fierro en cuanto sintió el primer contacto entre su culito prieto y la verga gruesa. Él le escupió en el ano para lubricar mejor y sin aviso la embistió de una sola vez, arrancándole un aullido que le hizo temblar las tetas enormes que le rebotaban sin control en cada embestida salvaje. Ella no paraba de gemir putón mientras él le agarraba las caderas con fuerza de bestia, hundiendo hasta la base cada vez que le metía la polla hasta el fondo, haciendo que el sonido de carne contra carne resonara en toda la habitación junto con los gritos de placer que le salían del fondo de la garganta. La pobre no podía ni respirar entre tanto dolor placentero cuando él le ordenó que se agachara más, subiéndole el culo para darle aún más profundidad mientras le tiraba del pelo para que no se moviera ni un milímetro. La tetona se le quedó con la boca abierta y los ojos en blanco cuando sintió cómo la verga le llegaba al útero, sintiendo cada vena palpitando dentro de su canal anal que ya le quemaba de tanto meter y sacar sin piedad. Él no se detuvo ni un segundo, cambiando el ritmo a sacudidas brutales que le hacían botar las nalgas como gelatina, mientras ella se corría sin parar, mojando el suelo con chorros de sus jugos que le resbalaban por los muslos al sentir que el tipo le llenaba el coño de semen caliente que le goteaba por las piernas después de correrse dentro sin preservativo. Para rematarle la faena, el cabrón le agarró la cabeza y se la metió hasta la garganta, ahogándola con su propia corrida mientras le escupía un último chorro en la boca antes de dejarla tirada en el suelo, exhausta y con el culo rojo e hinchado de tanto follón sin parar. La rubia no podía ni cerrar las piernas de lo mojada que estaba, con la saliva colgándole de la barbilla y los pezones duros como piedras, sabiendo que mañana volvería a buscar más de esa polla que le había dejado el culo hecho polvo pero con la sonrisa más puta del mundo.