Sasha Rose se deja empotrar hasta el cuello del útero
—Te vas a arrepentir de provocarme así toda la tarde— gruñó Oliver Strelly mientras le arrancaba el vestido ajustado que Sasha Rose llevaba puesto desde la mañana, solo para verla retorcerse cada vez que se rozaba contra él. La morena había estado jugando con fuego desde que se despertaron: fotos en ropa interior, roces "accidentales" en la cocina, susurros de lo que quería hacerle después. Pero ahora, con las manos en la pared y el culo en pompa, no había vuelta atrás. Oliver le bajó las bragas de un tirón, dejando al descubierto su coño ya mojado, y sin perder tiempo le metió dos dedos para comprobar lo lista que estaba. Sasha gimió fuerte, arqueando la espalda, mientras él le escupía en el agujero y le clavaba la polla de una estocada, llenándola entera de golpe. El sonido de los golpes de carne contra carne resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos ahogados de ella, que mordía la almohada para no gritar. Oliver le apretaba las caderas con fuerza, embistiendo sin piedad, disfrutando de cómo su pene entraba y salía de ese coño prieto, cada vez más rápido, hasta que las caderas chocaban con un sonido húmedo. Sasha se corrió primero, temblando, pero él no se detuvo, siguiéndole el ritmo hasta que su leche le llenó el útero de una manera que la dejó sin aliento. Al terminar, Oliver se dejó caer sobre su espalda, sudoroso, mientras Sasha respiraba con dificultad, con los muslos manchados de su propio jugo y el semen que le resbalaba por los muslos.