Tina domina a Johnny en el hotel y le exige sexo anal
Esa madrugada en el hotel de París, la brisa olía a perfume caro mientras tú arrastraste a Johnny por el pasillo, con su polla ya dura bajo el pantalón. La habitación apenas se iluminaba con las luces de la ciudad, pero bastó para verte cómo te arrodillaste y le ordenaste que se desnudara. Tina no pide, exige: te agachaste para chuparle la verga con la boca bien abierta, sintiendo cómo se ponía más gruesa entre tus labios, hasta que él gimió como un puto sumiso. Pero tú querías más—le diste la espalda, apartaste el tanga y le dijiste que se metiera sin aviso, sintiendo cómo su polla entraba con fuerza en tu culo apretado. Cada embestida lo hacía gruñir, pero tú le ordenaste que no se corriera todavía, que te diera más duro, que te hiciera gritar. Johnny obedecía, sudando, con las manos clavadas en tus caderas mientras tú te movías al ritmo que querías. Cuando ya no aguantó, le permitiste que se vaciara dentro, sintiendo el calor de su leche en lo más profundo. La próxima vez, seré yo quien te ponga de rodillas y te obligue a tragar toda mi corrida.