Tranny caliente cumple su fantasía de puta en México
Llevaba meses soñando con esto: sentir cómo un par de tacones de aguja se clavaban en mi culo mientras una polla gruesa me empotraba contra el espejo del baño de un motel barato en la Ciudad de México. La minifalda de latex se me pegaba al coño empapado, los muslos temblorosos chocando entre sí cada vez que la verga negra me abría de par en par. El corsé ajustado apenas contenía mis tetas, que botaban sin control mientras la transexual de curvas explosivas me susurraba al oído lo puta que me veía con ese collar de esclava y las medias de red rasgadas. Me obligó a arrodillarme sobre el charco de lubricante que ya manchaba el suelo, obligándome a chupar su verga hasta ahogarme con cada embestida, sintiendo cómo el líquido preseminal me resbalaba por la garganta mientras sus gemidos roncos llenaban la habitación. Cuando me levantó como si no pesara nada, me empaló contra la pared con el culo bien abierto, los tacones de stripper arañando el cemento mientras su pelvis golpeaba contra mis nalgas con un sonido húmedo y obsceno. La fricción del corsé contra mis pezones duros era tan intensa que casi me corro sin tocarme, pero ella no me dejó: me agarró del pelo y me obligó a mirarla a los ojos mientras me follaba como si fuera su juguete personal. El sonido de la carne chocando se mezclaba con mis gritos, el olor a sexo y aceite corporal flotando en el aire mientras sus manos marcaban mis caderas con moretones que sabía que me durarían días. Cuando por fin me dio la vuelta y me empotró contra la cama, sentí cómo su verga enorme me abría el coño hasta el fondo, cada empujón haciendo que mi cuerpo entero vibrara con un placer que quemaba. Se corrió dentro de mí con un gruñido animal, llenándome de leche caliente que se escurría por mis muslos mientras yo seguía temblando, con las bragas de encaje completamente destrozadas y el maquillaje corrido por el sudor y las lágrimas de tanto gemir. Lo peor —o lo mejor— es que supe que esto no sería la última vez: después de todo, en México las putas no se retiran, solo esperan al siguiente cliente.