Trans caliente usa enorme consolador en su culito
Emanuelly Polly llegó con su culito prieto y bien marcado, esa nalguita redonda que tanto excita a Juliana Reis, quien no pudo resistirse al verla retorcerse de placer al acariciarse el coño empapado. La morena trans se dejó caer sobre la cama con las piernas abiertas, mostrando su conejito depilado y brillante por los jugos que ya le corrían entre los muslos, mientras su mano derecha se perdía entre sus pliegues jugosos. Juliana, con la respiración entrecortada, agarró el consolador gigante y lo pasó por todo el cuerpo de su amiga, desde los pezones duros hasta el culo que temblaba de anticipación. Emanuelly gimió fuerte al sentir el plástico grueso rozando su entrada anal, pidiendo a gritos que se la metieran ya, que quería sentir cómo ese monstruo le llenaba el agujero hasta donde nadie antes había llegado. Juliana, sin perder ni un segundo, se colocó detrás de ella, le separó las nalgas con las manos y le escupió directamente en el culo para lubricarlo mejor, sintiendo cómo el calor de su saliva hacía que Emanuelly se estremeciera de arriba abajo. Con un empujón seco y profundo, enterró la cabeza del consolador en su ano, haciendo que la trans gritara de dolor mezclado con placer, mientras sus uñas se clavaban en las sábanas al sentir cómo ese pedazo de plástico le estiraba el culo hasta el límite. Juliana no se detuvo ahí: empezó a mover el consolador con embestidas lentas al principio, pero pronto aceleró el ritmo, escuchando los sonidos húmedos que salían de ese culito cada vez más abierto y ansioso por más. Emanuelly, con la cara pegada al colchón, gemía como una loca, pidiendo que no parara, que le diera más fuerte, mientras su coño chorreaba sin control, dejando un charco de miel sobre la cama. Juliana, con una sonrisa perversa, le dio la vuelta a Emanuelly y se la llevó al borde de la cama, obligándola a abrir las piernas bien abiertas para que el consolador se hundiera hasta la empuñadura en su culo, mientras ella le apretaba los pechos con una mano y con la otra le azotaba las nalgas para que no dejara de sentirlo. El sonido de los golpes húmedos y los gritos de Emanuelly llenaban la habitación, hasta que finalmente, con un último empujón brutal, Juliana hundió el consolador hasta el fondo y Emanuelly se corrió como nunca, con convulsiones violentas que le sacudían todo el cuerpo mientras su coño explotaba en espasmos incontrolables.