Alexia Anders rebota sobre una verga enorme en escena caliente
La habitación estaba impregnada de un calor húmedo, con las cortinas medio corridas para que la luz del atardecer filtrara en rayos dorados sobre la cama deshecha. Alexia Anders, con su cuerpo esbelto y ese culito apretado que había estado mostrando en fotos toda la semana, se movía con una lentitud calculada, rozando su coño mojado contra el muslo de Jay Rock mientras se inclinaba para susurrarle al oído: '¿Vas a aguantar lo que te espera?'. Él ya estaba duro como piedra, imaginando cómo esa boquita de labios carnosos lo iba a chupar hasta dejarlo sin aliento. Pero Alexia no tenía prisa: se subió a horcajadas sobre él, frotando su panocha resbaladiza contra su polla sin dejar que entrara, gimiendo cada vez que el glande rozaba su clítoris hinchado. 'Puta provocadora', gruñó Jay, agarrándole las caderas para clavarla de una sola embestida, sintiendo cómo su coñito ajustado lo envolvía hasta las pelotas. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, porque esa verga gruesa la llenaba de una manera que la hacía ver estrellas. Se balanceó hacia adelante y hacia atrás, con sus tetitas firmes rebotando al ritmo de sus movimientos, mientras Jay le apretaba los pezones y le escupía en el cuello. 'Más rápido, cabrón', le exigió, y él obedeció, empotrándola contra el colchón para follársela en misionero, clavándole la polla hasta que sus caderas chocaban con fuerza. Alexia arqueó la espalda, mordiéndose el labio mientras sentía cómo el orgasmo le subía por el vientre, y cuando Jay le dio la vuelta para cogerla en perrito, ella empujó el culo hacia atrás, pidiendo más. Él le agarró el pelo, tirando hacia atrás mientras la penetraba con furia, hasta que ambos explotaron en un clímax que los dejó temblando. Jay se corrió dentro de ella, sintiendo cómo su leche caliente le llenaba el coño, y cuando se retiró, Alexia se dejó caer boca arriba, con la respiración agitada y una sonrisa satisfecha. 'Te lo advertí', dijo, mirando cómo su panocha goteaba semen, mientras Jay se reía, sabiendo que esa mujer lo había vuelto loco desde el primer mensaje.