Amateur se deja sodomizar con verga enorme en casa
El muy cabrón llevaba días con la cabeza llena de fantasías sobre ese culo prieto y redondo que se le marcaba bajo los ajustados vaqueros, así que una tarde en que la puerta quedó entreabierta se coló sin pensarlo dos veces. Ella estaba en el sofá viendo una serie de mierda con los pies en alto y el culo casi colgando del borde, sin imaginar que en menos de un minuto sentiría esa verga gruesa y palpitante clavándosele hasta el fondo del esófago anal. Primero le pasó la mano por la espalda mientras le susurraba obscenidades al oído, sintiendo cómo se le ponían los vellos de punta y el coño le chorreaba sin control, ya bien mojado y listo para recibirlo. Sin más preámbulos le bajó los pantalones hasta las rodillas y le escupió directo en el culo, esparciendo la babaza por ese agujero virgen que palpitaba con cada respiración entrecortada. La primera embestida le arrancó un aullido que resonó por toda la casa, con las uñas clavadas en el sofá y los muslos temblorosos mientras él le agarraba las caderas con fuerza de gigante y se la metía hasta las pelotas, llenándole el intestino de esa verga que parecía no tener fin. Ella no podía ni gritar, solo jadear con la boca abierta mientras él le azotaba el culo rojo cada vez que se la metía hasta el fondo, sintiendo cómo cada empellón le llegaba hasta el estómago y le dejaba el coño hecho un lío de babas y ganas de más. Él no se detuvo ni un segundo, embistiéndola con una cadencia brutal que le hacía rebotar los pechos contra el sofá, mientras con la otra mano le metía los dedos en la boca para que se los chupara hasta dejarlos limpios de saliva. Cuando por fin notó que ella empezaba a gemir como una puta en celo y a apretarle el culo con espasmos incontrolables, supo que ya no aguantaría mucho más, así que la volteó boca arriba y se la folló sobre la alfombra con las piernas en alto, sintiendo cómo el coño le chorreaba sin parar mientras él le mordisqueaba los pezones duros como piedras. La corrida fue épica, con él enterrándole la verga hasta las bolas y disparándole hasta tres veces seguidas en el fondo del culo, dejando el interior bien marcado con su leche espesa que le resbalaba por los muslos hasta formar un charco en el suelo. Ella se quedó tirada ahí, con la respiración entrecortada y el culo bien abierto, sabiendo que esa noche ya no olvidaría lo que era que te empotren como a una puta cualquiera hasta dejarte sin voz ni fuerzas.