Novia se deja llenar la boca de leche caliente
Desde que se quitó las gafas para verme mejor se le nota el morbo a esta ricura de vecina, con esos labios carnosos y esa mirada de zorra que no aguanta más. Me acerqué despacio mientras ella se mordía el labio inferior, sus tetas apretadas contra el sofá y el culo redondo medio al aire, como pidiendo que la empotre con mi verga negra y gruesa que ya goteaba pre-semen. Sin decir ni pío, le agarré la cabeza con ambas manos y le metí la polla hasta la garganta, sintiendo cómo sus arcadas la hacían temblar pero sin soltarme ni un segundo. Los gemidos ahogados se le escapaban entre mis pelotas mientras le llenaba la boca de babas espesas, sus labios resbalosos abrazando cada centímetro de mi carne dura. 'Chúpala bien, putita, que hoy te voy a poner la cara blanca', le susurré con voz ronca mientras le clavaba los dedos en el pelo, sintiendo cómo su lengua jugaba con el frenillo. Ella tragaba como podía, con los ojos llorosos pero los pezones duros como piedras, sudando por el esfuerzo y la excitación de tenerme ahí, dominando su boquita de pecado. Cada empujón le hacía soltar un gemido más fuerte, su saliva mezclándose con el semen que ya le resbalaba por la barbilla mientras yo le embestía hasta tocarle la campanilla. 'No pares, por favor', me suplicó entre arcadas, con la cara llena de lágrimas y babas, pero yo solo quería ver cómo se corría con mi leche cubriéndole hasta los párpados. Le saqué la polla un segundo para que respirara, pero solo para escupirme en la punta y volver a metérsela de golpe, ahogándola con mi sabor salado mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. El olor a sexo y a verga sudada llenaba el aire mientras ella se dejaba hacer, con las piernas temblorosas y el coño empapado, deseando que le diera la leche que tanto anhelaba. Cuando por fin me corrí, fue con un alarido bestial, disparando el primer chorro directamente a su garganta y el resto en su rostro angelical, pintándole los pómulos, la nariz y hasta las pestañas de mi semen espeso. Ella se limpió la cara con el dorso de la mano y se relamió los labios, con los ojos brillantes de satisfacción mientras yo le sonreía con la polla aún dura, lista para otra ronda de boquita sucia.