Rubia sumisa recibe chorro de leche en su cara
La rubia de cuerpo esbelto y tetas pequeñas se arrodilla frente a él con una sonrisa pícara mientras se agarra la polla dura y la frota contra sus labios carnosos. Le encanta que le llenen la boca de semen caliente y no duda en abrir bien la garganta para que se la claven hasta la garganta, sintiendo cada grueso latigazo de su verga resbalando entre sus amígdalas. Él le agarra fuerte de la coleta para guiarla y le embiste la boca sin piedad, haciendo que le chorreen babas por toda la barbilla mientras sus gemidos ahogados se mezclan con los sonidos húmedos de su garganta siendo usada como un coño más. Cuando nota que está a punto de reventarle los huevos, se la saca de golpe y le ordena que se quede quieta, con la cabeza bien hacia atrás y la lengua fuera, lista para recibir el primer chorro directo en su cara sonrojada. La primera eyaculación le pega en el pómulo izquierdo, dejándole una marca blanca y espesa que le resbala por la mejilla mientras él sigue masturbándose con movimientos bruscos, apuntando ahora al centro de su frente. Ella lame con avidez la leche que cae sobre sus labios, jugueteando con la lengua para atrapar cada gota que se escapa de su boca entreabierta, chupando los dedos después para saborear bien su propia sumisión. La segunda descarga le cae sobre los párpados cerrados, cegándola por un segundo mientras sus pestañas se pegan por el semen espeso, pero no se queja: solo abre más la boca y saca la lengua, pidiendo más como la puta obediente que es. Cuando por fin se corre en su cara, le queda el pelo empapado, las cejas blancas y una sonrisa boba mientras se lame los labios, satisfecha de haberle dejado el coño limpio de semen, ahora todo sobre su piel. Él le da un último tirón de pelo antes de guardársela, pero ella no se mueve, solo sigue mirándolo con los ojos brillantes y la piel brillando de sudor y leche, esperando que le dé una orden más para seguir siendo su juguete favorito.