Embarazada montando una verga enorme después del rodeo
El polvo está fresco en el suelo del establo, mezclado con el sudor de los caballos y el calor de la tarde. Te la encuentras ahí, con su panza de nueve meses hinchada y los jeans ajustados marcando cada curva, mientras se balancea sobre ti con esa sonrisa de puta que sabe exactamente lo que quiere. Lleva horas provocándote, mandándote fotos de su coño mojado bajo la ropa, rozándose contra tu cuerpo cuando pasas, hasta que ya no aguantas más y la arrastras hacia el heno. La agarras por las caderas, sintiendo cómo su culo gordo rebota contra tus muslos mientras se clava tu polla hasta las pelotas, gimiendo cada vez que la empujas más adentro. Sus tetas enormes rebotan con cada movimiento, los pezones duros como piedras, y te inclinas para chuparlos mientras ella se agarra de tu cuello, jadeando tu nombre. El sudor le corre por la espalda, pegando su piel a la tuya, y puedes sentir cómo su coño se aprieta alrededor de tu verga, mojada y caliente, lista para que te corras dentro. La empotras contra la pared, levantando sus piernas para hundirte más profundo, hasta que grita y se corre en tus brazos, temblando como una hoja. Justo cuando estás a punto de explotar, ella te mira con esa mirada de zorra y te susurra que te corras en su boca, y no puedes resistirte. La agarras del pelo y le vacías toda tu leche en la garganta, sintiendo cómo traga cada gota mientras te chupa hasta dejarte seco.