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Japonesa menuda cobra por chupar la gruesa verga

10:58 1080P 7 Mamadas
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Estúdio Hisidepon

La asiática bajita entró a la sala con una sonrisa pícara y los ojos brillantes de lujuria mientras el viejo le extendía un puñado de billetes arrugados. Él se bajó el pantalón con torpeza y dejó al aire esa polla gruesa y venosa que llevaba años sin ser tocada por manos ajenas, y ella, sin dudar, se arrodilló en la alfombra gastada con un gemido de anticipación que le erizó la piel. Sus labios carnosos se abrieron de inmediato, dejando caer un hilo de saliva antes de envolver la cabeza morada con su lengua caliente, lamiendo el prepucio como si fuera un helado derretido mientras sus manos delgadas masajeaban las bolas peludas y pesadas. El viejo gruñó y le tiró del pelo corto y negro, empujando su cara contra el tronco venoso hasta que sus narices chocaron, ahogándola un poco mientras ella tragaba saliva y ahogaba un gemido entre arcadas. Cada embestida de su boca era un castigo húmedo y sofocado, con la lengua serpenteando por el tallo mientras sus dedos se clavaban en los muslos flácidos del viejo, sintiendo cómo el miembro se endurecía más con cada lametón desesperado. Él le escupió en la boca abierta y ella la cerró al instante, tragando el fluido espeso mientras sus mejillas se hundían con cada succión profunda, dejando al descubierto sus encías rosadas y el frenillo palpitante. La saliva le resbalaba por la barbilla y le mojaba el escote de la blusa ajustada, pero ella ni se inmutó, solo movía la cabeza como una posesa, con los ojos vidriosos y los muslos apretados, sintiendo cómo su propio coño se humedecía con solo escuchar los gruñidos roncos que escapaban de la garganta del viejo. Cuando él la agarró por los hombros y la levantó bruscamente, la asiática se tambaleó pero no protestó, solo se dejó caer de espaldas sobre el sofá raído mientras él se abalanzaba como un animal, con la polla babeante apuntando directo a su cara y sus tetas pequeñas temblando bajo la tela fina. Ella le agarró el tronco con ambas manos y se lo metió hasta la garganta una última vez, ahogándose pero sin soltar, mientras él le escupía en la cara una gota de pre-semen que le resbaló por la nariz y se mezcló con el sudor que le perlaba la frente. El viejo le levantó la falda corta y le arrancó las bragas de encaje con un tirón seco, dejando al descubierto un coño depilado y ya brillante de sus propios jugos, y antes de que pudiera reaccionar, le enterró la lengua entre los labios hinchados mientras ella se retorcía con un chillido agudo que hizo vibrar las paredes del departamento. Su boca era una trampa deliciosa, y él no se detuvo hasta dejarla completamente empapada, con los muslos temblorosos y los pezones duros como piedras bajo la blusa. Cuando por fin se apartó, la polla estaba tan roja y palpitante que parecía a punto de reventar, y ella, con la boca llena de babas y el coño chorreando, le susurró al oído con voz ronca: 'Ahora dame la plata, viejo verde, que esto solo fue el aperitivo', mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja con los dientes afilados.

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