Japonesa sumisa recibe azotes en minifalda con tacones
Desde que llegó a su nuevo trabajo en la universidad, Sayaka no podía sacarse de la cabeza el cuerpazo de su profesora de lucha libre, una dominatrix de piernas interminables que siempre la miraba con esos ojos negros llenos de lujuria mientras le corregía los movimientos en los tatamis. Esa tarde, después de que la perra rubia le ordenara ponerse la minifalda ajustada y los tacones de aguja que le hacían el culo respingón y la coño palpitante, Sayaka sintió cómo el aire se le helaba en los pulmones al escuchar el sonido del paddle de madera golpeando contra su mano. La muy zorra ni siquiera le dio tiempo a quejarse cuando la empujó contra la colchoneta del gimnasio, le subió la falda hasta la cintura para dejarle el culo al aire y empezó a azotarla con fuerza mientras le escupía al oído que era una putita que necesitaba que la domaran a base de golpes y gemidos. Sayaka se aferró a los listones de madera del ring con los nudillos blancos de la presión, sintiendo cómo cada cachetada le ponía la piel roja y caliente mientras la polla dura de la profesora le rozaba el muslo cada vez que se inclinaba para susurrarle obscenidades al oído. La japonesa no pudo evitar soltar un gemido ahogado cuando la dominatrix le agarró de los pelos y la obligó a sentarse sobre su cara, con las rodillas a cada lado de sus hombros y el coño empapado de sudor y excitación pegado a la boca hambrienta que la lamía con furia. Entre jadeos y risitas burlonas, la perra rubia le metió dos dedos en el culo mientras le apretaba el clítoris con la otra mano, haciendo que Sayaka se retorciera con los tacones clavándosele en la espalda y la lengua de su ama recorriendo cada pliegue de su sexo caliente y tembloroso. Cuando la japonesa intentó escapar del castigo, la wrestler la volteó boca arriba con un movimiento de lucha perfecto, le inmovilizó los brazos por encima de la cabeza y se sentó sobre su cara sin piedad, ahogándola con el peso de su coño mojado mientras le apretaba los pechos con las manos llenas de anillos. Sayaka se corrió con un grito agudo y vergonzoso, con los muslos temblando alrededor de la cabeza de su dominatrix y el semen de la profesora resbalándole por la barbilla mientras la muy hija de puta no paraba de reírse y seguir frotándose contra su boca como si fuera un juguete sucio. Cuando por fin la dejó respirar, la japonesa quedó tirada en el tatami, con la minifalda arrugada alrededor de la cintura, los tacones rotos y el cuerpo cubierto de marcas rojas que le recordaban quién mandaba en esa relación de sumisión y puro vicio.