Krystal se corre gritando en la playa caliente
Krystal llegó a la playa con el coño ya mojado de solo imaginarse lo que pasaría, el bikini ajustado apenas le cubría las tetas mientras el sol le quemaba la piel. El tipo que la seguía desde el estacionamiento no perdió tiempo, la agarró por la cintura y la empujó contra la arena húmeda, sintiendo cómo el coño le ardía de anticipación al rozarse con el bañador. Ella gimió fuerte cuando él le arrancó el tanga de un tirón y le abrió las piernas con fuerza, dejando al descubierto los labios hinchados y brillantes por los jugos que ya le corrían entre los muslos. La polla dura del desconocido le rozó el clítoris al instante, haciéndola arquear la espalda y soltar un gemido más fuerte que las olas rompiendo cerca. Él no se contuvo, la empotró sin piedad contra la arena, sintiendo cómo el coño le chupaba la verga con cada embestida profunda que le llegaba hasta el fondo. Krystal chillaba de placer, con los pezones duros como piedras y el coño tan empapado que la arena se le pegaba a la piel en cada movimiento. El tipo le agarró las tetas con una mano mientras con la otra le masajeaba el clítoris, acelerando el ritmo hasta que ella empezó a temblar y a correrse gritando su nombre entre jadeos. La corrida le brotó espesa y caliente, empapándole la entrepierna mientras él seguía follándosela sin piedad, sintiendo cómo el coño le apretaba la polla como si no quisiera soltarla. Cuando por fin se corrió dentro de ella, Krystal quedó tirada en la arena, con las piernas temblorosas y el coño palpitante, mientras él le susurraba al oído que quería repetirlo al día siguiente.