La belleza tatuada Gia Paige merece una polla enorme
¿Viste cómo se movía Chad Alva? No podía apartar los ojos de su cuerpo, de esas líneas que recorrían su piel como un mapa del pecado. Te voy a contar cómo empezó todo: ella pasó semanas mandándole fotos en ropa interior, rozándole el brazo cuando creía que nadie miraba, hasta que él no aguantó más y la arrastró al dormitorio. Empezó chupándosela despacio, maldiciendo lo grande que era, sintiendo cómo se le mojaban los muslos solo de imaginarla dentro. Cuando la puso de rodillas, le atrapó las caderas y la llenó de un empujón que la hizo gritar, sintiendo cada centímetro grueso hasta que las pelotas le pegaron en el coño. Le encantaba cómo se le cerraba la garganta cuando se la metía hasta el fondo, cómo gemía cada vez que le agarraba el pelo para usarla como una puta bien entrenada. Mientras la embestía contra el colchón, le mordía los pezones, dejando marcas rojas en esa piel que tanto había provocado. No paró hasta que sintió que el calor le recorría la espalda y se le escapó un gruñido antes de llenarla hasta rebosar, con el coño palpitando alrededor de su verga. ¿Te gustaría estar en su lugar cuando te mira así, justo antes de correrse?